Cuando era niña, recuerdo aquellas calles Miraflorinas y mi quinta, por las cuales chivateabamos con mis hermanos, los vecinos apuestos y no tan apuestos, mi habilidad para las caídas y mis cicatrices de por vida, a mi mamá diciendo "esas piernas te van a quedar marcadas de por vida"!! y ya por eso mismo haciéndome algunas otras cicatrices en otras partes del cuerpo... recuerdo a las abuelitas saliendo a las 6 de la tarde gritando: el looooonche!! y eso conllevaba a tomar leche caliente, que por lo general no me gustaba, pero era aún peor cuando nos dábamos con la sorpresa que era leche Enci! sí! aquella de envase verde y en polvo que creó la generación de los chaparros...esa leche de la época de Alan Gabriel Ludwig (me encanta tanto decirle su nombre completo que hasta me compré mi polo de Alan que en la espalda sale su nombre completo y adelante eso sí...su cara mimetizada con la de diablo y unos cachos no de diablo, sino de cachudaso) y el abuelito que le gustaba tomar el sol fuera de la casa, pero que en realidad le gustaba mirar a la hija de una vecina, que estaba rica y apretadita; también estaban aquellos vecinos mitad gringos mitad Cajamarquinos, pero la gringa canadiense eso sí que a pesar de vivir 40 años en el Perú aún no sabía hablar castellano de pura voluntad propia y esos complejos que existían en esa época, que los hacía creerse superiores a nosotros los cholitos, y la hija de esta familia semigringa, era dalina de Nubeluz, sonreía en cámaras, "amaba" a los niños, sin embargo a nosotros sus vecinos, nos reventaba las pelotas literalmente...las desinflaba, la pita que hacía de net de voley la jalaba y se la llevaba a su casa, solo para que no juguemos más, me daba cuenta que algo no andaba bien, lo cual años mas tarde se confirmó la teoría...la dalina se fue a visitar al de arriba... o al de abajo, la cosa es que no estuvo más por ahí, sentí tristeza porque en alguna oportunidad me había regalado pases para ir a Nubeluz, aunque ya en el set hacía como si ni me conociera la maligna.
Recuerdo que en esa época, mi mamá estaba provista de su "chicote", una correa a la cual después de sendas experiencias, mis hermanos y yo habíamos logrado sacarle la hebilla, así no dolía tanto el "te voy a dar con el chicccccccccooooooooooooteeee!!!!" y los sonidos de la velocidad de la luz que escuchábamos pasar. Mi papá, esporádico él, llegaba a casa generalmente post-temblor con sus propinas, las cuales eran rápidamente capturadas por mi hermana la mayor, diciéndonos que ella por ser mayor tenía mas gastos (tenía aproximadamente 11 años), así que decidí anotar todo lo que le iba prestando en una mesa de noche, la cual con el tiempo parecía escrita por el protagonista de Una mente brillante...y bueno y la devaluación del inti y el sol y el nuevo sol y ese Alan de nuevo conchesumadre....y mamá no quiero ir al kinder porque siempre llego tarde...y levántate más temprano y total qué!! si soy amiga de la directora del kinder....!!
Así recorrí mi infancia, entre juegos de campos, travesuras, escapadas del chicote y propinas malversadas...pronto entraré a ahondar en los personajes de mi vida y en mi abrupta salida de la infancia.